¿Qué es la Leishmaniosis y cómo puede afectar a nuestro perro en 2026?
Lo más importante de este artículo
- La leishmaniosis es una enfermedad grave transmitida por la picadura del flebótomo (no por contacto directo), con máxima actividad de mayo a octubre en zonas como Albacete.
- No tiene cura definitiva, pero con diagnóstico temprano y tratamiento adecuado el perro puede llevar una vida larga y de calidad.
- Los síntomas más frecuentes son la aparición de lesiones en la piel, pérdida de pelo alrededor de los ojos, adelgazamiento y crecimiento anormal de las uñas.
- La prevención combinada —repelentes (collar o pipeta) más vacunación— es la estrategia más eficaz para proteger a tu perro.
La leishmaniosis canina es una de las enfermedades más importantes a las que se enfrenta cualquier perro que viva en España, y muy especialmente en zonas cálidas como Albacete, donde el mosquito que la transmite está muy presente durante gran parte del año. Es una enfermedad seria, pero con la información adecuada se puede prevenir de forma muy eficaz y, si aparece, controlar con éxito.
En esta guía te explicamos qué es exactamente la leishmaniosis, cómo se contagia, qué síntomas debes vigilar, cómo se diagnostica y se trata a día de hoy, y —lo más importante— cómo proteger a tu perro para que no llegue a padecerla.
¿Qué es la leishmaniosis canina?
La leishmaniosis es una enfermedad infecciosa crónica causada por un parásito microscópico llamado Leishmania infantum. Este parásito vive dentro de las células de los tejidos del perro y afecta a órganos internos y a la piel. Es una zoonosis, es decir, puede transmitirse también a las personas, aunque el contagio directo del perro al ser humano no se produce: ambos se infectan a través del mismo vector, el mosquito flebótomo, y en personas sanas el riesgo es muy bajo (afecta principalmente a personas inmunodeprimidas).
El perro es el principal reservorio del parásito en el entorno urbano. Esto significa que un perro infectado puede ser la fuente desde la que el mosquito toma el parásito para transmitirlo a otros animales.
¿Cómo se contagia la leishmaniosis? La enfermedad del mosquito
La leishmaniosis se conoce popularmente como «la enfermedad del mosquito», y el nombre describe bien su mecanismo. El contagio se produce exclusivamente a través de la picadura de un mosquito muy pequeño —de apenas 2-3 mm— llamado flebótomo (género Phlebotomus). El ciclo funciona así: el flebótomo pica a un perro ya infectado y absorbe el parásito junto con la sangre; dentro del mosquito, la Leishmania se multiplica y madura durante varios días; cuando ese mosquito pica después a un perro sano, le inocula el parásito. Es decir, el mosquito actúa como un puente: sin él, la enfermedad no se transmite.
Este punto conviene dejarlo muy claro porque genera mucha confusión y miedo: la leishmaniosis NO se contagia por contacto directo. Un perro sano no puede contagiarse de otro perro enfermo por convivir, jugar, compartir comedero o lamerse. Tampoco es posible que una persona se contagie acariciando a un perro con leishmaniosis. Existen vías de transmisión alternativas documentadas como las transfusiones de sangre o la transmisión de la madre a los cachorros durante la gestación, pero no representan la forma habitual de contagio. La vía real y epidemiológicamente relevante es siempre la picadura del flebótomo.
El flebótomo necesita calor para estar activo, por lo que su período de actividad va de mayo a octubre, con picos en los meses más cálidos del verano. Es un insecto de hábitos crepusculares y nocturnos: pica sobre todo al atardecer, durante la noche y al amanecer, cuando las temperaturas bajan y la humedad sube. En una provincia como Albacete, con veranos largos, secos y calurosos, las condiciones son idóneas para el flebótomo, lo que sitúa a los perros de la zona en un nivel de exposición alto durante casi medio año.

¿Qué perros tienen más riesgo de tener leishmaniosis?
Cualquier perro, con independencia de su raza, edad o tamaño, puede contraer leishmaniosis si le pica un flebótomo infectado. No obstante, existen una serie de factores que aumentan la probabilidad de exposición y de que la infección derive en enfermedad:
- Ubicación geográfica. Vivir en una zona endémica es el factor de riesgo más importante. Por eso, toda la mitad sur y este de España, incluida Castilla-La Mancha y, por tanto, Albacete, es territorio de alta presencia del flebótomo.
- Vida en el exterior. Los perros que duermen fuera de casa o pasan muchas horas al aire libre, especialmente durante las horas de actividad del mosquito, están mucho más expuestos que los que pernoctan en interior.
- Ausencia de medidas preventivas. Un perro sin collar o pipeta repelente frente al flebótomo, y sin vacunar, carece de cualquier barrera frente a la picadura.
- Entorno rural o con vegetación. La proximidad a jardines, huertos, zonas de matorral, corrales o acumulaciones de materia orgánica favorece la presencia del mosquito, que se cría en ambientes húmedos y umbríos.
En cuanto a la predisposición individual, la respuesta a la infección depende en gran medida del sistema inmunitario de cada perro: dos animales picados por el mismo mosquito pueden evolucionar de forma muy distinta, uno controlando la infección sin enfermar y otro desarrollando un cuadro grave. Algunos estudios apuntan a una mayor susceptibilidad en razas como el Bóxer, el Pastor Alemán, el Cocker Spaniel o el Rottweiler, mientras que razas autóctonas de zonas endémicas como el Podenco Ibicenco muestran una resistencia natural más alta. Respecto a la edad, el diagnóstico presenta dos picos: perros jóvenes menores de 3 años y perros mayores de 8, coincidiendo con las etapas de menor competencia inmunitaria.
Síntomas de la leishmaniosis en perros
La leishmaniosis es una enfermedad de evolución lenta: desde la picadura hasta la aparición de los primeros signos pueden pasar desde varios meses hasta años. Esto complica el diagnóstico, porque cuando los síntomas se hacen evidentes la infección puede llevar mucho tiempo en el organismo. Además, es una enfermedad «camaleónica»: sus manifestaciones son muy variadas porque el parásito puede afectar a la piel, a los órganos internos o a ambos a la vez, lo que hace que a menudo se confunda con otros problemas.
Los signos se dividen en dos grandes grupos. Por un lado están las manifestaciones cutáneas, las más visibles y frecuentes, que suelen ser la primera señal que detecta el propietario y, por otro, las manifestaciones sistémicas o viscerales, que reflejan el estado de los órganos internos y el deterioro del estado general del animal. Un mismo perro puede presentar solo síntomas de piel, solo síntomas generales, o una combinación de ambos.
La siguiente tabla resume los síntomas más característicos organizados por cada zona afectada:
| Zona afectada | Síntomas característicos |
|---|---|
| Piel y pelo | Pérdida de pelo (especialmente alrededor de los ojos, «en gafas»), descamación tipo caspa, úlceras que no cicatrizan, engrosamiento de la piel del hocico y las almohadillas |
| Uñas | Crecimiento anormal y excesivo de las uñas (onicogrifosis), uno de los signos más característicos de la enfermedad |
| Estado general | Pérdida de peso progresiva, apatía, cansancio, falta de apetito y fiebre |
| Ganglios linfáticos | Aumento de tamaño de los ganglios, palpables sobre todo bajo la mandíbula y detrás de las rodillas |
| Ojos | Lagrimeo, conjuntivitis, inflamación de los párpados y lesiones en la córnea |
| Otros | Sangrado nasal (epistaxis), cojera, dolor articular, diarrea y vómitos |
El signo de alarma más habitual que lleva a los propietarios a la consulta es la combinación de lesiones cutáneas que no mejoran con una pérdida de peso que no tiene una causa aparente. Ante este cuadro, o ante cualquiera de estos síntomas si no desaparece, es imprescindible acudir al veterinario para una valoración y un test de leishmania, ya que la detección precoz mejora radicalmente el pronóstico y ofrece muchas más alternativas.

¿Cómo se diagnostica la leishmaniosis?
El diagnóstico comienza cuando el veterinario detecta signos compatibles como lesiones cutáneas, ganglios muy grandes o perdida de peso y confirma la sospecha con pruebas complementarias que además permiten valorar el alcance de la enfermedad.
La prueba de referencia es la serología cuantitativa, un análisis de sangre que detecta y mide el nivel de anticuerpos que el perro ha generado frente al parásito. El valor no solo confirma la infección, sino que nos permite tener más datos sobre su intensidad. Se complementa con un hemograma y una bioquímica completa, que revelan alteraciones frecuentes como anemia, aumento de proteínas totales o elevación de los parámetros renales, y con un análisis de orina que incluye el cociente proteína/creatinina (UPC), clave para evaluar la función del riñón. En casos concretos se recurre a la citología o la PCR para observar o detectar directamente el parásito en ganglios, médula ósea o lesiones de piel.
Esta batería de pruebas cumple una doble función: confirmar el diagnóstico y clasificar el estadio de la enfermedad, el paso que determina el tratamiento y el pronóstico.
Estadios de la leishmaniosis (clasificación LeishVet)
El sistema LeishVet clasifica la enfermedad en cuatro estadios de gravedad creciente, en función del nivel de anticuerpos, los signos clínicos y, sobre todo, el estado de la función renal. En el estadio I (leve), el perro tiene pocos anticuerpos y signos limitados, normalmente lesiones cutáneas localizadas, con función renal normal; el pronóstico es bueno.
En el estadio II (moderado), aparecen signos más evidentes (lesiones cutáneas, pérdida de peso,… ) pero el riñón sigue funcionando correctamente o con muy pocos daños; es el estadio en el que se diagnostican muchos casos y responde bien al tratamiento. En el estadio III (grave), hay problemas renales más graves junto con signos sistémicos importantes, y el pronóstico pasa a ser reservado. Por último, el estadio IV (muy grave) va a asociado a una insuficiencia renal avanzada, una enfermedad renal terminal o afectación de varios órganos; es el de peor pronóstico y hay que actuar con muchísimo cuidado. Cuanto antes se diagnostique el perro (idealmente en estadio I o II) mayores son las probabilidades de controlar la enfermedad y preservar su calidad de vida.
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Tratamiento de la leishmaniosis canina
Queremos dejar clara una cosa: la leishmaniosis no tiene cura definitiva, ya que ningún fármaco elimina por completo el parásito del organismo. Por suerte, esto no significa que el diagnóstico sea una condena: es una enfermedad controlable, y con el tratamiento y el seguimiento adecuados la gran mayoría de perros diagnosticados llevan una vida larga, activa y de calidad. El objetivo del tratamiento no es erradicar el parásito, sino reducir su carga, controlar los síntomas, reforzar el sistema inmunitario y proteger los órganos, especialmente el riñón.
El protocolo actual, según las guías clínicas recientes, se basa en la combinación de:
| Fármaco | Función | Duración habitual |
|---|---|---|
| Antimoniato de meglumina | Leishmanicida: reduce de forma activa la carga de parásitos | 4 semanas (hasta 8 en casos graves) |
| Alopurinol | Leishmaniostático: impide que el parásito se reproduzca | 6 a 12 meses o más |
| Domperidona | Inmunomodulador: refuerza la respuesta inmunitaria del perro | Según criterio veterinario |
En determinados casos, el antimoniato de meglumina puede sustituirse por miltefosina, un leishmanicida de administración oral que también ofrece buenos resultados. La elección del protocolo, las dosis y la duración corresponden siempre al veterinario, que los ajusta al estadio de la enfermedad, al estado del riñón y a la evolución individual del animal.
Un aspecto crítico y muchas veces subestimado es el seguimiento. La leishmaniosis no se trata «una vez y ya está»: requiere de hacer revisiones periódicas de por vida. Durante los primeros meses se realizan controles mensuales con analíticas para vigilar la respuesta al tratamiento, ajustar la medicación y detectar precozmente cualquier complicación renal. Una vez estabilizado, el perro pasa a tener revisiones cada 6 meses. Este control es lo que nos permite controlar la enfermedad y ver signos que nos indiquen si está, o no, evolucionando negativamente.
Al igual que ocurre con los antibióticos en el caso de muchos humanos, el uso de estos fármacos está favoreciendo la aparición de resistencias en el parásito, un motivo más para que el tratamiento esté siempre pautado y supervisado por un veterinario, nunca automedicado ni interrumpido por cuenta propia.

¿Qué pasa si no se trata la leishmaniosis?
Dejar la leishmaniosis sin tratar tiene consecuencias graves que van empeorando con el tiempo ya que, al no frenar la multiplicación del parásito, la carga parasitaria aumenta y la respuesta inmunitaria del perro se descontrola, generando problemas que se extienden por múltiples órganos.
La complicación más grave es la insuficiencia renal. El riñón es el órgano diana de la enfermedad: el depósito continuado de inmunocomplejos deteriora su capacidad de filtrado hasta provocar un fallo renal crónico que, en fases avanzadas, es irreversible y constituye la principal causa de muerte en los perros con leishmaniosis. A ello se suman otras complicaciones como lesiones cutáneas cada vez más extensas y ulceradas, problemas oculares que pueden desembocar en ceguera, alteraciones articulares con cojera y dolor, hemorragias, y un deterioro general que compromete seriamente la calidad y la esperanza de vida del animal.
La diferencia entre un perro tratado a tiempo y uno no tratado es enorme: mientras el primero puede vivir muchos años con la enfermedad controlada, el segundo sufre un empeoramiento continuo con un pronóstico muy negativo. Por eso el mensaje es claro: ante la sospecha, diagnóstico; ante el diagnóstico, tratamiento y seguimiento.
¿Cómo prevenir la leishmaniosis? El truco está en la protección
La leishmaniosis se previene de forma muy eficaz, y esa es la mejor noticia de todo este artículo. La estrategia más recomendable no depende de una única medida, sino de la combinación de dos niveles de protección: impedir que el mosquito pique al perro y reforzar sus defensas frente al parásito.
El primer pilar, y el más importante, son los repelentes específicos frente al flebótomo. El segundo es la vacunación. Ninguno de los dos ofrece por separado una protección tan completa como su combinación.
| Método | En qué consiste | Duración | Datos |
|---|---|---|---|
| Collar antiparasitario | Libera de forma continua un principio activo repelente del flebótomo | Varios meses (3-6 según producto) | Debe estar homologado como repelente del flebótomo, no vale cualquier collar |
| Pipeta spot-on | Se aplica sobre la piel del cuello y repele al mosquito | 3-4 semanas aproximadamente | Protección más corta; hay que reaplicarlo frecuente en temporada alta |
| Vacuna | Estimula el sistema inmunitario para reducir el riesgo de enfermedad clínica | Anual (revacunación cada 12 meses) | Requiere test previo de seronegatividad; no evita la infección al 100% |
| Medidas ambientales | Evita los paseos al atardecer/amanecer e incluye mosquiteras en casa | Continua durante la temporada | Son medidas complementarias que refuerzan las anteriores |
Es fundamental entender que la vacuna no sustituye a los repelentes. La vacuna reduce la probabilidad de que un perro infectado desarrolle la enfermedad, pero no impide la picadura ni la infección; los repelentes sí actúan sobre la vía de contagio. Por eso ambos se complementan y deben usarse juntos, especialmente en una zona endémica como Albacete.
¿Cuándo empezar a proteger a mi perro?
El momento ideal para activar la protección es antes de que comience la temporada del flebótomo, es decir, a comienzos de la primavera (marzo-abril). Así el perro llega protegido al inicio del período de riesgo. Los repelentes deben mantenerse de forma continua durante toda la temporada, de mayo a octubre, sin dejar lapsos sin protección para evitar posibles picaduras.
La vacunación, que puede administrarse a partir de los 6 meses en perros seronegativos y conviene planificarla también con antelación, ya que necesita un tiempo para generar inmunidad. En Argos llevamos años insistiendo en la importancia de esta prevención; puedes consultar la información sobre la vacuna frente a la leishmaniosis que trabajamos en la clínica. Lo más práctico es acudir a una revisión a comienzos de primavera para planificar de una sola vez el test, la vacuna y la pauta de repelentes.
Leishmaniosis en Albacete: una enfermedad endémica
Albacete y el conjunto de Castilla-La Mancha se sitúan en una zona de alta presencia del flebótomo. El clima continental de la provincia, con veranos largos, secos y calurosos, crea las condiciones ideales para la proliferación del mosquito y prolonga su período de actividad durante buena parte del año. Esto convierte a la leishmaniosis en una de las enfermedades caninas más relevantes de la zona, y en una preocupación real para cualquier propietario de perro en la ciudad y su entorno rural.
La cercanía a zonas de campo, huertos y vegetación, (que es muy común en los alrededores de Albacete) incrementa la exposición, especialmente en perros que acompañan a sus dueños en actividades al aire libre, caza o paseos por el entorno natural. Por eso, en nuestra experiencia clínica, la prevención frente a la leishmaniosis no debería considerarse opcional en esta provincia, sino parte del cuidado básico anual de cualquier perro.
La recomendación es sencilla: planificar cada primavera una revisión preventiva que incluya el test de leishmania, la valoración de la vacunación y la pauta de repelentes adecuada para el perro.
Resuelve tus dudas sobre la leishmaniosis canina
¿La leishmaniosis se contagia a las personas?
Es una zoonosis, pero no se contagia por contacto directo con el perro, si no que, tanto perros como personas, se infectan a través de la picadura del mismo mosquito. En personas sanas el riesgo es muy bajo; afecta principalmente a quienes tienen el sistema inmunitario debilitado. Convivir con un perro con leishmaniosis no supone riesgo de contagio directo.
¿Un perro con leishmaniosis puede vivir muchos años?
Sí. Aunque la enfermedad no tiene cura definitiva, con un diagnóstico temprano, tratamiento adecuado y seguimiento, la mayoría de los perros llevan una vida larga y de calidad. Un buen ejemplo es el caso de Mago, un perro tratado en nuestra clínica que superó un cuadro grave. El pronóstico depende del estadio en que se diagnostique y del estado de la función renal.
¿La vacuna de la leishmaniosis evita el contagio al 100%?
No. La vacuna no impide por completo que el parásito infecte al perro, pero reduce la probabilidad de que desarrolle la enfermedad clínica y ayuda a controlar su progresión. Por eso debe combinarse siempre con repelentes externos.
¿En qué época hay más riesgo de leishmaniosis?
El flebótomo está activo en los meses cálidos, de mayo a octubre, sobre todo al atardecer y por la noche. En zonas cálidas como Albacete la temporada de riesgo es larga, por lo que la protección debe mantenerse durante todos esos meses.
¿Se puede prevenir la leishmaniosis solo con la vacuna?
No es lo recomendable. La estrategia más eficaz combina vacunación y repelentes frente al flebótomo. Ninguna medida por separado ofrece una protección tan completa como su combinación.
En Clínica Veterinaria Argos te ayudamos a proteger a tu perro frente a la leishmaniosis: test, vacunación, prevención y tratamiento personalizado.
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Veterinario Especialista en Dermatología Canina y Felina | Máster en Anestesiología
Director de Clínica Veterinaria Argos desde hace 30 años.
Comprometido con la medicina veterinaria, especializado en dermatología canina y felina, así como en anestesiología. Participo activamente en congresos nacionales e internacionales para mantenerme al día de las nuevas tendencias y tratamientos.

